13 de marzo de 2014

LIBERTAD. Maria del Mar Alvarez


El gorrión se posó en el alféizar de la ventana y dudó en entrar. Asomaban los primeros rayos de sol, cálidos y agradables. Se entretuvo un rato en el zócalo picoteando algunas migas de pan. Un festival de colores alegraban el ventanal lleno de geranios, claveles y gitanillas de cuyos pétalos todavía húmedos por el rocío se desprendía un aroma embriagador.
A medida que pasaba el tiempo y los rayos de sol se intensificaban el gorrión esperaba impaciente para reencontrarse con su admirado ídolo.
Cuanto más hermoso luciera el sol mas brillante sería su actuación.
Unos minutos más tarde llegó una golondrina que acababa de volver a su nido después de un largo periodo de migración. Tampoco estaba dispuesta a perderse el espectáculo.
Las flores también esperaban impacientes, pues les tenía robado el corazón.
De pronto se abría la ventana, una persiana de madera se enrollaba y tras sujetarla con un nudo en un cordel, asomaba una mano fuerte y ruda de dedos gruesos y piel morena que sostenía con delicadeza una jaula de gran tamaño de color dorado y con diseño árabe.
En su interior se alojaba un canario de plumaje amarillo brillante cómo el sol.
Sus gorjeos eran hermosos y afinados.
Todos lo observaban embelesados cómo si fuese un ser superior.
-¿Por qué yo no tengo un plumaje tan bello ni puedo entonar un solo trino cómo el?- se preguntaba el gorrión.
-Es tan hermoso y elegante….- suspiraba la golondrina.
Las flores se apoyaban unas en otras, mimosas y románticas dejándose mecer por la brisa y por supuesto sin quitar ojo al galán.
Estaban entusiasmados con el espectáculo cuando el canario se quedó en silencio y con mirada triste y melancólica se dirigió a ellos:
-No sé que admiráis de mí….. Nunca pasé frío ni hambre, tampoco sed. Es cierto, pero mi plumaje y mi canto sólo son dones otorgados por la naturaleza, no tienen ningún mérito a mi parecer. Por el contrario, pagué un alto precio por ellos, lo más valioso que pueda tener cualquier ser vivo “la libertad”.
Todos lo miraban absortos e incrédulos.
-Amigos, entregaría el resto de mi vida encarcelado en ésta jaula, por disfrutar de un solo vuelo hacia el cielo y obtener por una vez la visión del mundo exterior. Poder calmar mi sed en un pequeño charco de lluvia, viajar en compañía, cómo tú, querida golondrina, cuando te marchas con tus hermanas en otoño en busca de una nueva primavera.
Con tu plumaje discreto y tus pequeños trinos me conformaría, serían más que suficientes para hacerme feliz gorrioncillo.
Sin embargo, mi belleza es efímera, mis alas están atrofiadas y sin fuerza por que nunca pude desplegarlas para alzar el vuelo y mis garras son débiles. Lo único que puedo hacer es cantar, mi canto es a la libertad, por eso sois dignos de mi admiración amigos….
Todos quedaron entristecidos y pensativos después de escuchar atentamente el discurso del pobre pájaro.
Amanecía un templado y nítido día primaveral, cuando volvieron a sacar al canario en su jaula para que comenzase su concierto rutinario. No salía de su asombro cuando miró al frente encontrándose con una bandada de pájarillos alegres y alborotados, dirigidos por el gorrión y la golondrina, acudieron entre todos , con sus picos abrieron la puerta de la lujosa jaula, ayudando a su amigo a salir de ella. Conjuntamente lo sujetaron y alzaron el vuelo con él entre sus picos, volaron sin detenerse hacía el cielo azul, acercándose al sol mientras el ave reía sin parar, entonando el trino más hermoso de su vida. Era feliz…

LA MANO. Maria del Mar Alvarez


Parece ser, el Dr Alejo había pasado los últimos años de su vida investigando sobre biomecánica.
Esta ciencia se había convertido en su gran obsesión, hasta el punto de llegar a amputar la mano de un cadáver del depósito del hospital donde prestaba sus servicios.
Quería analizarla e investigar, creó un circuito biomecánico y lo instaló en su interior.
Pasaba las noches en vela , obsesionado con lograr el exíto en su experimento.
Una noche mientras trabajaba con su ordenador, observó cómo la mano comenzaba a moverse, realizando lentos y torpes movimientos con los dedos. ¡Lo había conseguido! ¡La mano tenía vida propia!
Poco a poco iba consiguiendo grandes progresos como, agarrar objetos con precisión e incluso teclear el ordenador.
Estaba muy entusiasmado por que había conseguido algo revolucionario, pero a la vez se sentía agotado, se dejó caer en la cama y rapidaménte quedó sumido en un profundo sueño.

Pasadas unas horas notó una suave caricia en el cuello, pensaba que esto formaba parte de su sueño, pero cuando tomó conciencia ya la mano le presionaba la garganta con una fuerza arrebatadora. Si, murió estrangulado, pregúntandose en qué había fallado para que su macabro experimento y la ciencia se volviesen contra él.

INSTINTO DE PROTECCION. María del Mar Álvarez



Una mañana de verano a mi hermano pequeño, que por cierto es una polvorilla, se le ocurrió la brillante idea de subirse a un árbol cercano a mi casa para coger un nido de pajarillos. ¡Pobres crias tan pequeñas e indefensas!
Colocó el nido en el pollete de la ventana de casa que daba justo al patio.
El primer dia muy decidido, se dedicó  a alimentar a los pajarillos dándoles migas de pan mojados en leche. ¡Abrian los picos desesperados por comer!
Pasados los primeros días de la novedad comenzó a olvidarse de ellos, tanto se olvidó que no les daba ni de comer, triste futuro les esperaba a las pobres crías.
Pero ocurría algo muy extraño, pasaban los días y los pajarillos seguían vivos y no sólo eso, sino que cada vez tenían mas plumas y estaban mas grandes ¿Cómo era posible?
Una mañana temprano escuche un repiqueteo de alas en la ventana, me levanté y muy sigilosamente me acerqué hasta allí. ¡Cual fué mi sorpresa! La madre de las crías se había colado por los barrotes de la reja que protegían la ventana y los estaba alimentando.
Esta escena me causó tal lástima que ni corta ni perezosa decidí devolver el nido al árbol de donde mi travieso hermano lo había robado.

Cómo era de esperar, a mi hermano no le gustó nada la idea, incluso me dejó de hablar, pero……. ¡y lo felices que se sentirían los pajarillos al estar de nuevo en casa!

ESTRELLA TRAICIONERA. Maria del Mar Alvarez.


Aún recuerdo tu mano sobre mi mano alzada en aquel inmenso cielo negro en busca de una estrella, la mía.
Me contabas un cuento hermoso, explicando el por qué de la existencia de un firmamento lleno de estrellas. Según tu teoría cada vez que nacía un niño en cualquier lugar del mundo, a la vez, nacía una estrella en el cielo, por eso se dice que ¨todos tenemos una estrella¨ la mía estaba a la izquierda de la osa mayor, era resplandeciente destacaba de las demás, o por lo menos eso me parecía.
Cuando la estrella comenzaba a perder su luz hasta que se apagaba, su otro yo en la tierra fallecía, dejando un vacío en el espacio para que un nuevo astro lo ocupase.
En definitiva, así es la vida, “dualidad”, alegría, tristeza, risa, llanto, amor, desamor, vida y muerte…
Sólo tenía nueve años, pero aquello se grabó en mi mente para siempre.
Tú ya no lo recuerdas ¿verdad?
Te limitas a observarme con los ojos hundidos en tu delgado y envejecido rostro, ausente, pero conservando aún la dulzura en tu mirada.
Tus dedos temblorosos y huesudos apenas pueden sostener la taza de leche que estás tomando sorbo a sorbo muy despacio, intento evitar que se te caiga de las manos ayudándote a la vez que te dedico una entrañable sonrisa.
De pronto el silencio de la habitación se ve interrumpido por unos suaves golpes de nudillos en la puerta:
-¿Se puede?
- ¿Cómo no? ¡Adelante!
-¡Buenos días Pedro! Qué bien acompañado estás. Vengo a cambiarte las sábanas. Ya sé que ésta noche las has mojado, pero no te preocupes por eso, tenemos que dar trabajo al servicio de lavandería también ¿no te parece?-comenta la celadora de forma jovial y enérgica mientras me guiña un ojo con gesto de complicidad.
-¡Claro que sí! Estoy de acuerdo contigo, todos necesitamos trabajar para poder vivir. –Le contesto sonriendo para intentar disimular mi tristeza.
Presentía que su estrella comenzaba a apagarse cuando me comunicó el médico hace seis meses que padecía una enfermedad degenerativa bastante avanzada.

Me acerqué  con los ojos vidriosos, le acaricié suavemente la cara, áspera por la barba sin afeitar de varios días y le besé en la frente.
-Bueno, me tengo que ir, los niños me esperan en casa, te envían muchos besos, el domingo vendremos todos a verte cómo siempre. Te quiero papá.
El me sigue con la mirada en completo silencio hasta verme salir y justo al cerrar la puerta pregunta a la celadora:
-¿Es de noche? ¿Se ven las estrellas?



EL DOCTOR ALEJO MURIO ASESINADO. Maria del Mar Alvarez


El Dr. Alejo murió asesinado, indudablemente murió estrangulado.
Esta es la crónica de una muerte anunciada. El Dr. era conocido por todo el mundo cómo un hombre serio y muy respetado en su profesión, la de médico forense. Sin embargo tenía una faceta desconocida por todos: la de un ser perverso y sin escrúpulos capaz de llevar a cabo la mayor de las locuras con tal de satisfacer su propio ego.
Se dedicaba al tráfico de órganos, su cómplice era una de las personas más influyentes de la ciudad, el juez Narváez, otro ser corrupto y narcisista, conocido en todos los garitos por su gran adicción al alcohol.
Era el encubridor de todas las artimañas del Dr., claro, siempre y cuando sacara partido de éstas, sus dotes de persuasión eran inagotables.
Un mes antes se produjo un accidente de tráfico en el cual falleció un hombre de mediana edad, murió en el acto.
El juez acudió a presenciar el levantamiento del cadáver junto a su colega el Dr. Alejo, que ya tenía preparado todo lo necesario para llevarse el cuerpo  al tanatorio y allí hacer la extracción del corazón para enviarlo rápidamente a un cliente dispuesto a pagar una fortuna por un trasplante que le salvara la vida.
Este era un viejo y repugnante pederasta que había amasado su fortuna siendo el líder de una red de pornografía infantil.
El Dr. y su falta de escrúpulos le brindaban una segunda oportunidad de vivir a este ser despreciable.
Pero el juez, arrastraba un oscuro pasado que daba lugar a su carácter déspota y amargado, había sido víctima de abusos sexuales en su niñez y juzgó en su día a éste individuo, tuvo que visionar fotografías donde se cometían verdaderas aberraciones que removieron aún más si cabe su destructivo pasado. Sufrió la impotencia de no poder encarcelarlo por falta de pruebas.

Enloqueció al ver que había sido partícipe de éste gran despropósito y sin dudarlo un momento pagó a un sicario para que fuese al hospital donde acababan de intervenir de un trasplante  de corazón a este monstruo ,y lo desconectara de los aparatos que le mantenían vivo. Seguidamente sin demora, bajó al desván y cogió una soga. Con ella en la mano partió hacia la casa del Dr. Alejo….

SABÍA QUE LLEGARÍAS. Inés Cordones.


Miro al frente y a mi reloj. Falta poco para que se ponga el sol, es decir falta poco para verlo. Nos encontramos en el museo municipal de El Puerto de Santa María, mi equipo de investigadores no ha dudado en acudir a mi llamada, saben que desde que terminé mi tesis doctoral estoy empeñada en averiguar qué significado tiene el diminuto planeta que todos los veranos aparece en las cercanías de Venus, se aprecia sólo con los potentes telescopios de que se dispone en el observatorio de la isla de La Palma. 
Mi gran amigo Javier, director del museo, sabedor de mi visita al Puerto, me invitó a ver la gran piedra encontrada en el espigón por unos pescadores, proveniente de la sierra de San Cristóbal, con incrustaciones que están en estudio.
Tengo sesenta años, agnóstica, no creo en la parasicología ni la telepatía, ni muchos menos en  milagros; ante todo soy científica, para mí, todo tiene que tener un por qué, un cuando y un cómo. Ver lo que estaba escrito en la piedra me produjo un sobresalto. Pedí a Javier permiso para que hoy, martes trece, nos dejara el museo libre, a partir de las ocho de la tarde, y además dejase una puerta abierta, prometiéndole darle detalles posteriormente.
Con la puntualidad esperada, apareció un hombre de pelo ensortijado, sobre su amplia frente  cae un rizo negro, unas gafas cuadradas dejan entrever sus ojos azules; cuello ancho y fuerte, que se une a un cuerpo que se adivina musculoso bajo un elegante traje gris. Indudablemente es extranjero y es él. Se coloca junto a la estela en cuclillas, brazos caídos hacia delante, su barbilla rozando el pecho, la coronilla dirigida hacia la ventana por donde entra el indescriptible rayo de luz reflejado por el pequeño planeta, que incide en su cabeza.

De inmediato se pone de pie, ahora luce camiseta y mallas azules, sobre ellas unos slips rojos ceñidos por un cinturón amarillo, en su torso un triángulo con bordes rojos que contiene una “S”, botas y capa roja completan su atrezo. Alza el brazo y con los puños cerrados sale volando por la ventana.

MARISOL PRIMERA. Ines Cordones.


El doctor Alejo murió asesinado. Indudablemente murió estrangulado. Era un hombre alto, atlético, elegante y sociable. A pesar de su edad, seguía siendo un hombre atractivo. Conservaba sus aires de Don Juan, así como una larga melena, ya canosa, recogida en una coleta. Todo esto y su especialidad, cirujano plástico, lo había llevado a ser asediado por muchos de sus pacientes y envidiado por sus compañeros. Sin embargo, el médico mantenía la soltería. Jamás acudió a ningún evento acompañado de pareja, ya fuera hombre o mujer.
Cuando el comisario, acompañado por su equipo acudió a su casa, avisado por la señora de la limpieza, encontró al cirujano sentado en un sillón, los ojos desorbitados, la lengua colgando y, rodeándole el cuello, su coleta. En apariencia ésta había sido el arma homicida. A su lado una caja de cartón, a medio abrir, con las pegatinas de una empresa de paquetería. Entre sus dedos un panfleto, que el comisario sin reparos comenzó a leer:
>>Marisol, le proporcionara una sensación más humana que las anteriores que usted haya podido disfrutar, al haberle añadido el nuevo componente “drisdray” al caucho. Con el  nuevo computador integrado dispone de múltiples opciones según sus gustos y necesidades. A través del teclado colocado detrás de la oreja izquierda, podrá elegir por ejemplo, que se exprese mediante insinuantes susurros, gritos de varias intensidades, palabras obscenas en distintos grados, ... que se le erice la piel, que aumente la presión de sus abrazos, … y otras novedades que encontrará detalladas en el libro de instrucciones.>>
 Llegado a éste punto, el intrigado policía escuchó:
-¡Señor! ¡Venga a ver esto!
En el dormitorio, sentada sobre el respaldo de la cama, una muñeca de plástico marchito, rubia, vestida con un picardías rojo. Por sus pecosas mejillas corrían dos lágrimas.

En su mano, un puñado de la canosa cabellera del doctor Alejo.

RECORTES. Inés Cordones.


Yo vivía en el bosque, junto al mar. Durante un tiempo, mi vida transcurrió relativamente feliz, me daban de comer, de beber, y me llevaba bien con mis compañeros.
Con el cambio de gerente la comida escaseó, así como su calidad. Hubo un ERE en la empresa, el personal quedó muy reducido. La limpieza de nuestros aposentos se redujo al mínimo. Los cuidadores ya no tenían tiempo para dedicarnos sonrisas ni caricias. Nuestra salud física y síquica empeoró.
Ante este panorama, fuimos convocados por quien en otro tiempo fue rey de la selva, nos reunimos en las piscinas donde antes danzaban orcas y delfines. Expusimos los graves problemas que nos acuciaban. Descubrí el declive de mis compañeros. Su majestad Leoncio I, no lucía su aristocrática y acicalada cabellera, ahora parecía de puro esparto; andaba renqueante y los veterinarios desistieron de hacerle una nueva operación de cadera. El altivo y musculoso gorila estaba muy delgado, parecía un faquir. El elefante hembra, después del incidente de Botswana, padecía depresión. Al tenebroso cocodrilo le daba vergüenza hablar, estaba “mellao”; un grupo de cotorras, lo estaba mortificando preguntándole que le había traído el ratón Pérez.
No todos estaban demacrados. El pavo real lucía una esplendorosa cola, que sin reparos desplegaba ante nosotros. La jirafa, esquelética, con el cuello retorcido por una contractura, le increpaba por chivato y por haberse vendido al gerente por un puñado de grano.
–No soy el único que no apoya vuestras reivindicaciones; los murciélagos me han dicho que ellos no piensan salir de la gruta, con lo asqueroso que está el parque tienen muchos mosquitos  que comer– indicó. Mientras decía esto, pasaba por delante de la llama, que se dispuso a soltarle un salivazo, pero estaba tan deshidratada que no lo consiguió, más le sentenció: – ¡Ojalá te entre un dolor miserere, y se te destiñan “toa” las plumas de la cola! –; maldiciones como éstas las había aprendido de su antiguo cuidador, un gitano andaluz.
– ¡Vamos a votar ya!, tengo que ir a darle de mamar a mis cachorros–. Señaló una enclenque tigre, cuyas costillas se confundían con sus rayas. La pobre, se negaba a aceptar que sus crías habían muerto en el parto.
Eran tan graves nuestros problemas que decidimos hacer un manifiesto con nuestras reclamaciones y convocar una huelga.
Pregunté que debía hacer, pues yo era el primero que tenía que actuar, soy el papagayo encargado de hacerme las fotos con los clientes, a la entrada del parque. Me respondieron que llegado el momento, me diese la vuelta, dándoles la espalda, y que de paso, defecara, apuntando al objetivo de la cámara.
Al día siguiente, mi cuidador no fue a buscarme. Una asociación protectora de animales había puesto una denuncia y el zoológico fue precintado por orden del juez. Entonces pensé: “tal vez ahora descubran que no tengo papeles y me devuelvan a mi hogar, el bosque junto  al mar.”


LA VENGANZA. Inés Cordones.


Cascó un huevo contra el borde del plato y dejó que el contenido se escurriera. La clara colgó de la cáscara sin caerse del todo. Echó mano de otro huevo repitiendo la operación y así media docena de veces más, a continuación mezcló las papas cortadas con los huevos revueltos. Algo de cáscara tendría, pero a papas y huevos no le iba a ganar nadie. ¡Huevos, huevos había que tener para hacer lo que ella estaba haciendo! ¿y de papas..., de Papas también estaba harta! Las hermanitas se estaban pasando con ella; ¿tanta caridad, tanta caridad…, y una mierda! La habían acogido, sí, pero a cambio, como la explotaban..., siempre recordándole que no tenía papeles, que la vida era dura fuera del convento, que siendo mulata como ella y con aquel cuerpo, repleto de exuberancias, sólo podría ganarse la vida pecando, como lo había estado haciendo hasta que escapó de sus carceleros.
Sor Juana, ¿por qué no me hace un contrato? solía preguntar con su peculiar acento sudamericano.
Siempre las mismas respuestas:
Imposible hija mía. No estamos autorizadas. No somos ninguna empresa. Nuestra misión es permanecer en clausura. Debemos rezar por nuestro Santo Padre y las almas impuras. Lástima, que seas ilegal, y no puedas entrar en la Orden–.
La hermana superiora le entregó un papel con las órdenes diarias, al tiempo que le decía:
–¡estás exenta de rezar, pero no de trabajar!
Después de fregar los baños, barrer y fregar el suelo, recoger las camas, hacer la colada, ir al gallinero,  al huerto…” ¡ni que fuera Cenicienta!”. Pensó.
Se encontraba cocinando para las monjas y el capellán que, por ser domingo, acostumbraba a quedarse a  comer tras oficiar misa. “Este también iba a recibir su regalo, y bien que lo merecía. Además de ser cómplice de la esclavitud a que la sometían las monjas, había descubierto que le gustaba disfrutar de la compañía   jóvenes imberbes.
Todo estaba dispuesto, la cáscara junto con el mejunje germinante, secreto transmitido de generación en generación a través de todas las mujeres de su familia, estaba disperso por toda la tortilla. El calor aumentaba sus efectos.


Una de sus tantas madrugadas nostálgicas, años después,  en su nueva casa, escuchó por la radio, el programa que trataba sobre casos misteriosos. Hoy lo titulaban: “El caso de las monjas vírgenes embarazadas, y un cura travestido.”

ESTRELLA TRAICIONERA. Inés Cordones.


Aún recuerdo tu mano sobre mi mano sobre mi mano, alzadas en aquel inmenso cielo negro en busca de una estrella. ¿Te molesta que hablemos de ello? afirma Jesús, mirando a Mónica a los ojos, mientras sopla el café que el camarero del balneario les ha servido.
No, ahora que nos hemos reencontrado y contado todo sobre nuestras vidas, me gustaría preguntarte sobre aquello. Acabó de forma tan repentina y parrandeada, al menos para los demás ¡Nosotros no tuvimos ninguna oportunidad! ¿Verdad? dice ella, observando en su frente unas incipientes manchas oscuras. ¿Qué dijeron tus padres?
Mi padre, con fanfarronería, se lo contó a todos sus amigos, incluso en Reyes me regaló la bicicleta Orbea que tanto deseaba, ¿Y los tuyos? dice con una socarrona sonrisa, que deja al descubierto una cuidada dentadura.
Me tuvieron recogida durante seis meses, y en verano tuve que irme de vacaciones con ellos contesta ofuscada, abanicándose mientras piensa  “esa dentadura es postiza, seguro”.
Claro eran otros tiempos, imperaba el machismo, lo siento. ¿Has contado la historia alguna vez?  pregunta, advirtiendo que a su amiga le está dando un sofoco.
Si, a mi nieta la mayor, tiene dieciséis años, le gusta escribir y me pide que le cuente historias, ¿y tú? detalla ella orgullosa.
No, ya lo hicieron mis padres y mis amigos. Significó mucho para mí aquella noche ¿Qué recuerdas tú?  le  pregunta, acariciándole tiernamente la mejilla.
El temblor de tu mano, muy distinto al que tienes ahora por el Párkinsonresponde inclinando su cara y apretando la mejilla contra su mano, con mimo.
Lo que tengo grabado es el silencio, la turbación que sentí, cuando apagaron las luces del campamento… descubrir cada vez más y más estrellas… el canto del búho declara nostálgico.
-Yo recuerdo la protesta de la pinocha, cuando caminábamos hacia el descampado, donde habías escondido el saco de dormir cuenta Mónica, la boca entreabierta, las cejas fruncidas, intentando recordar algo más.
Recuerdas cuantas estrellas llevábamos antes de…
¿ Liarnos? exclama con picardía, arqueando una ceja Quinientas veinticinco, y al final no encontramos la estrella que estábamos buscando exclama, abriendo sus brazos con gesto de resignación.

 El, risueño  comenta -Nos quedamos dormidos. Llegó la más pretenciosa de todas,  con su enérgica luz veló a las demás. Nos traicionó. Nos descubrieron.

ENCUENTRO EN ALTA MAR. Inés Cordones.


Todo estaba listo: las redes, los remos, las velas, ambos subieron al barco, encendieron el motor fuera borda y comenzaron a navegar por el rio, el reflejo de las luces de las farolas titilaba en el agua.
Échate un rato papá, al menos un par de horas hasta que lleguemos, te aviso si pasa algo Dijo Andrés, ajustándose con su mano enguantada el gorro de lana, mientras que con la otra agarraba la manivela del motor.
Sí, me hace falta, aunque no sé si lo conseguiré. Despiértame cuando avistes la Roca contestó Diego, colocándose en posición fetal sobre las redes, cubriéndose con una manta.

−¡Papá, papá! Gritaba Andrés zarandeando a su padre.
¿Qué pasa? Preguntó, incorporándose con rapidez, encogiendo los ojos, deslumbrado por la luz.
¡Aquello, qué es? ¿Parece un hombre en una balsa? ¡Mira, nos hace señales! ¿Qué hacemos? Exclamó Andrés.
¡Lo que nos faltaba! Masculló el padre enfadado, mientras se colocaba las gafas de sol.
Los dos hombres se miraron dudando...
¡Anda, acércate a ver qué le pasa al imbécil ese! Dijo el padre con resignación.
¡Gracias paisa, me llamo Arfan, necesito ayuda,  mi barca se está hundiendo! Gritó el naufrago en perfecto castellano y con una gran sonrisa. Estaba de pie, tenía sus brazos cruzados sobre sus hombros, y balanceaba su torso atrás y adelante, a modo de saludo y agradecimiento.
¿Llamas a eso barca?  ! Eso es una balsa de juguete...  pero si hasta tiene publicidad de Nivea! Le dijo Andrés asombrado.
Vamos a llamar a salvamento marítimo, para que vengan a recogerte, le daremos tu posición, nosotros tenemos que seguir repuso Diego malhumorado, mientras sacaba su móvil.
¡No, no por favor! suplicó Arfan. ¡Voy para Ceuta! He pasado muchas calamidades en vuestro país. El trabajo está mal para ustedes, así que figúrense para mí. Me dirijo a mi aldea en Camerún.
– ¡Mira negro, nosotros nos estamos buscando las papas, y tú no entras en nuestros planes, así que decide: llamo o te ahogas ¡Imprudente!Contestó con rabia, mirando de soslayo a su hijo, que suponía compadecido de aquel muchacho.  Parecían tener la misma edad.
Mira paisa,  llegué a Cádiz con doce años, después de atravesar todo el desierto, en el maletero de un autobús. Me descubrieron, me llevaron a un centro de menores hasta que cumplí los dieciocho, trabajé en la construcción, en el campo, he vendido alfombras, he corrido en carreras populares, donde los premios se daban en dinero, ¡ahora, ni así! para participar hay que pagar, porque han quitado subvenciones a los clubs... ¡estoy harto paisa! Sólo tienes que ayudarme a cruzar al otro lado, luego ya me las apaño–.
Quillo con ese cuerpo, y la fama que tenéis los negros, no se te ocurrió hacer de gigoló de alguna artista madurita o de una aristócrata Le interpeló Andrés, con socarronería.
Soy negro, moro y pobre, pero tengo dignidad. ¿Y vosotros? Me parece que no vais a pescar con ese barco. ¿Os dedicáis al contrabando? ¿Tabaco o hachís? Indicó Arfan, con altanería.
¡Tabaco! A nosotros tampoco nos va bien. Yo era director de la sucursal de un banco. Me despidieron por no querer colocar preferentes a los clientes–.
Y yo, estudiaba Ciencias del Mar, hasta que al hijo de puta del ministro se le ocurrió reducir las becas Intervino Andrés enfurecido.
No entiendo para que lleváis las velas y los remos. La red sé que es para arrastrar los fardos, ¿no?
Los remos son por si tenemos que entrar o salir sin hacer ruido. Y las velas es nuestro plan B. ¿Y tú para que llevas  gafas y aletas de buzo? Preguntó intrigado el frustrado estudiante.
Para nadar más deprisa. Os lo ruego, sólo tenéis que dejarme a las afueras del puerto de Ceuta, lo demás es pan comido, a propósito ¿lleváis algo para comer?

El cielo y el mar se arropaban, despidiéndose del sol, cuando  dejaron a Arfan, que además de las gafas y las aletas, llevaba el traje de neopreno de Andrés.
Después de un largo trecho en silencio, el padre comentó: Ese moro me ha dado una  lección. La dignidad no hay que perderla, voy a contar lo que sucedió en el banco. Ya no tengo miedo a esos directivos mafiosos, cuando lleguemos a tierra llamaré a  nuestra amiga Lucía, la periodista. Arfan al despedirse nos dijo, que su Alá nos protegería–.
Esperemos que sea así Contestó Andrés, señalando al horizonte, una potente luz se reflejaba en el agua.
¡Vamos, rápido, ponemos en marcha el plan B! Expresó Diego con nerviosismo.
Tiraron al mar motor, redes y remos, e izaron las velas.
Los focos de la patrullera de la guardia civil enfocaban al mar, buscaban a dos hombres, padre e hijo, aficionados a la vela. Salieron a navegar y no habían regresado. La obscuridad fue rota por  una bengala de socorro, que chivateó su posición. Eran ellos, como les habían dicho, en la vela mayor se veía un desgastado toro negro, símbolo de la firma vinatera que, en épocas mejores, les patrocinaba. 

EL PARECIDO. Inés Cordones.


Mi familia, desde siempre, compraba el pan diariamente en el horno “La Pastora.”
Después de varios años fuera, acabadito de recalar en El Puerto, me coloqué en la larguísima y apretada cola que a esas horas, invariablemente, se producía en la popular panadería
Al principio no di importancia a los golpecitos que sentí en mi costado.  “Será un niño”,  pensé.
Más estos siguieron, y notaba yo, que con mayor intensidad.
Juicioso, intenté dar unos pasitos hacia al frente, pero delante tenía a una señora con unos glúteos desarrollados y muy bien proporcionados, ¡la prudencia no me permitía avanzar más!
En el poco espacio de que disponía, mientras que los persistentes puyazos se estampaban en mi cintura, giraba sobre mis pies de un lado hacia otro, una y otra vez, me tocaba la cabeza, la oreja, me pasaba la mano sobre la cara, respiraba hondamente…
 Unas risas y un último codazo me llevaron a volverme, enfrentándome a una desconocida, con cara sonriente, que iba tornándose sonrojada, para cambiar su expresión por un gesto de sorpresa.
- ¡Ay! ¡Ay!  Manolo, cariño, que yo pensé que era nuestro amigo el jardinero, el Damián.

- ¡No señora, soy su hermano Juan Manuel!

CONFLICTO DE INTERESES. Ines Cordones


A veces las cosas salen bien, muy bien.
- Carmencita, hoy tendrás que ir a casa de tu abuela. Los cazadores del pueblo se están preparando para capturar al lobo que está saqueando el ganado.
- ¡Ahh!  ¿Por eso tienen los látigos y cartuchos preparados?
- Si, el colmo ha sido que se ha comido a la oveja Dolly, y con ella la subvención que teníamos por mantenerla -, dice la madre levantando la mano, a la altura de su cara frotándose, el dedo índice y corazón.
- Pero mamá, no me parece justo que liquiden al lobo-, contesta la niña, enfadada dando un golpe con el pie en el suelo. -Estamos en primavera. Tiene que buscar alimentos, y llevárselo a su hembra, para que pueda amamantar a sus crías.
- ¡Si claro! ¿y nosotros de qué vivimos, eh? – responde la madre con los brazos en jarra.
- Podríamos comer verduras, frutas, pescado…. -, dice la chiquilla, encogiéndose de hombros.
- ¡Claro! pero tú que bien te comes el queso que ellas producen. Nuestro trabajo consiste en cuidar el rebaño para que nos den leche y lana–, comenta la madre mientras va metiendo frutas en una cesta.
- Pues no sería mala idea que clonaran más Dollies. Así los lobos, y los otros animales del bosque tendrían, algo más para comer en invierno-, señala la muchacha, mientras de reojo mira a la nevera.
- ¡No quiero discutir! He preparado esta cesta con frutas y un bizcocho, para que se la lleves a tu abuela, vas  directa  para allá, ¡no te entretengas!
- ¿Puedo llevarme la “bici”?
- Si, pero ponte la sudadera, la que tiene la capucha roja, que todavía hace frio. Coge por el sendero! No entres en el bosque ¡– le indica, señalándola con el dedo índice.
La niña, a mitad de camino deja la bicicleta. Camina montaña arriba. Sabe dónde está la guarida de los lobos, lleva en su cesta tres conejos, que ha cogido de la nevera. Divisa a los lobeznos bebiendo en una charca, junto a su madre.
Tres meses más tarde, en la cocina de su casa, Esperanza, la madre de la niña, le dice con ironía:
-Has visto que en estas últimas semanas, no han ocurrido ataques de lobos.
-Si mamá, parece que los lobos tienen suficiente comida y no han bajado al pueblo. Tal vez estén consiguiendo alimentos de otra manera – contesta la chica, un tanto cohibida.

-¡Sí, sí! ¡Anda Carmencita! coge la bicicleta y vete a casa de la abuela. Los hombres se han reunido, van hacia el almacén de desguace. Aprovechando que hay luna llena, quieren capturar al ladrón, que ha estado robando a todo el pueblo, las piezas de caza de nuestros congeladores.

CIEN AÑOS DE NAVIDAD. Inés Cordones.


El anciano se asomó a la ventana. ”Nevaba como en los cuentos de Navidad,” pensó dulcemente… tenía suficiente edad como para tocar con las manos el centenario, y ya su vida estaba hecha… y terminada… sólo esperaba.
Sin embargo ese día poseía la magia que ningún otro tenía durante el año. La Nochebuena estaba al final de él.
La edad lo había vuelto escéptico, incrédulo, indiferente y aburrido. No tenía más ganas de vivir. Todos los años, condenado a no poder salir de su casa si no lo hacía en silla de ruedas, esperaba sin embargo como un niño pequeño, el medio día de aquella fecha.
Era un ritual que no variaba desde hacía años. El primero en llegar a su casa se dejaba notar por ser el mayor y el más influyente de sus seis hijos. Fueron llegando, cada cual con sus respectivas y prolíferas familias, dándose la casualidad que el número de miembros, hijos, nueras, yernos, y demás, coincidía con la edad del veterano patrón. Todos pertenecían a una misma orden religiosa donde la fecundidad se premiaba, y a la que aportaban dinero con generosidad. Almorzaban e intercambiaban sus peticiones para Reyes.
El patriarca en tiempos difíciles tras la guerra civil, colaboraba con el régimen, dando un chivatazo aquí, ayudando en algún trabajo sucio allá.  Cuando cambió el orden político, y gracias a su camaleonismo, llegó a amasar una fortuna. Actualmente poseía establecimientos hoteleros, constructoras, medios de comunicación… Manejaba todos los asuntos de la ciudad, así como  a sus gobernantes. A sus inversiones siempre sumaba el famoso “diez por ciento”. Acostumbrado a lograr lo que se proponía, no dudaba que sus hijos conseguirían el regalo que él había pedido, por muy descabellado y extravagante que les pareciera a todos.
Inaugurado el nuevo año, los niños de la ciudad vieron como los Reyes llegados de Oriente, eran izados en sus carrozas con grúas hermoseadas con multitud de luces de colores. Las pandillas de chavales que suelen acompañar a las carrozas observaron como el séquito  de Melchor, iba escoltado por personal uniformado y sus  pajes vestían lujosamente. Los caramelos que arrojaban eran de mayor calidad comparados a los de Gaspar y Baltasar, y que un apocado Melchor sentado en su ostentoso trono, con la cabeza inclinada hacia un lado, saludaba con poco brío. ¡Era cierto! Los muchachos con su imprudente inocencia comentaban que aquel Rey, en aquella postura, tantas arrugas y tan poca vitalidad, se parecía a un Papa recientemente jubilado.


8 de octubre de 2012

Nuestras finalidades.

La Comunidad de Andalucía goza de un rico y variado patrimonio cultural y natural. El patrimonio se extiende a lo largo de las ocho provincias y va desde parques naturales hasta monumentos de reconocido valor histórico. Todo esto acompañado por personajes que han participado en su historia, su arte y su conservación.
Hoy en día aparece una mayor conciencia de las relaciones que establece el hombre con su entorno, lo que lleva a una mayor interacción de las personas con el medio ambiente.
Es necesario, que comprendamos y valoremos el medio en el que vivimos e incidamos positivamente en él, actuando de una manera racional sobre los recursos culturales y naturales a nuestro alcance y adquiriendo actitudes para la conservación y mejora de los mismos.


FINALIDADES

Las finalidades que nos proponemos con este plan educativo son:
1. Trabajar la idea del desarrollo sostenible como vía de acceso a un estado de bienestar sin que por ello se comprometan los recursos para el futuro.
2. Reconocer el valor de la diversidad, tanto en el plano biológico como cultural, entendiendo ambos como elementos esenciales de la biodiversidad.
3. Entender que el planeta es un sistema cerrado en el que todo lo que sucede en una parte repercute en la totalidad del sistema.
4. Comprender que lo que sucede en cualquier parte del planeta repercute en el resto.
5. Conocer, comprender y respetar los numerosos valores culturales del entorno.
Siendo estas las finalidades comunes de todos los grupos de este plan, nuestro grupo incidirá con mayor fuerza en el conocimiento del patrimonio literario andaluz así como en la práctica de la escritura como elemento lúdico y de crecimiento personal y colectivo.