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30 de noviembre de 2010

No más . Merchi e Inés

Se levantó esa mañana, dispuesta a cambiar su vida, sus ojos reflejaban el llanto de la noche anterior.No volvería a llorar más, no más (se dijo a si misma).
A su lado, estaba aún dormido aquel que un día ella amó y que ahora era su dolor. Se dirigió hacia el baño, enjuagó sus lágrimas y suspiró. Fue al centro de acogida, a cada paso que daba, se sentía más libre, a mitad del camino, dudó y miró hacia atrás, su mente le recordaba las palabras de aquel en quién no quería ni pensar, ¿qué vas ha hacer sola?.Pero, su corazón roto, no aguantó más y marchó.
Pasó un año….
Eva salió de la audiencia, sabiendo que su pesadilla había terminado.
Todo eran ilusiones, los 20 años los había dejado atrás, ahora podía visitar a sus padres y hermanos cuando ella quisiera.el trabajo que le habían ofrecido era sustancioso y fácil de llevar y a sus hijos los tendría para siempre, pues le habían dado la custodia a ella.


¡¡¡La vida le sonreía!!!

29 de noviembre de 2010

Una aventurera intrépida. Mercedes Doello Gomez



Doña Braulia era una aventurera intrépida, a pesar de su edad no había perdido la ilusión de la juventud. Su cuerpo delataba sus ochenta años, pero su mirada reflejaba una chica de veinte.Habia buscado un aliado para que la acompañase en sus aventuras.
Jimmy, era un joven tímido, pelo negro y grandes ojos azules; sus estudios de historia y turismo le habían dado una carrera laboral nada acorde con lo que ejercía al lado de Doña Braulia,una turista un poco especial y muy poco parecida a los viajeros que el había conocido.
La anciana fue caminando hacia la casa del joven, tocó dos veces la puerta; esta se abrió, haciendo un ruido extraño, como salido de una película de miedo, algo que a la anciana no inmutó.
-Buenos días Jimmy (gritó mientras empujaba la puerta, como si el sordo fuera el en vez de ella)
-Buenos días Doña Braulia, a ver ¿A dónde vamos esta vez? (murmuró el joven mientras caminaba tras ella).
De pronto, se hizo una pausa temiendo la respuesta.
-Pues mira Jimmy, me había propuesto hacer un viaje tranquilo, algunos días en la playa, pasear por los museos…pero…pensándolo mejor, es una vida un poco aburrida y tranquila para mi, y se me vería un poco mayor, mis huesos necesitan un poco de actividad, si no, se me oxidan.
-Pero usted no tiene edad para ir trepando árboles ni saltando en paracaídas.
-¿Edad? ¿Que edad? Mientras mi espíritu sea joven, mi cuerpo se sentirá igual.
-¡Con usted, es que no puedo!, venga vamonos, voy a terminar de hacer las maletas.
-Coge solo lo que necesites, un sombrero, una escopeta de caza y unos prismáticos, ya nos apañaremos por el camino.
-¿Pero a donde vamos? (dijo asustado y sorprendido).
-De safari mi querido joven, así que en marcha.
-Usted se ha vuelto loca Doña Braulia, ¿qué vamos ha hacer en un safari?
-Pues después de darle muchas vueltas a la cabeza, me he dado cuenta que nunca he visto un león de cerca, y creo que ya es hora.
-¿Un león? (Gritó el joven) ¿Pero usted sabe lo que mide un león?¿Y los dientes?¿Le has visto alguna vez los dientes?.
A Doña Braulia, le afloró una risa burlona.
-Jimmy, creo que con la edad te estás volviendo miedica,¿dónde está tu don de aventura chico?
-¿Mi don de aventura? yo era un hombre tranquilo, con una vida organizada, hasta que usted llegó a ella y la puso patas arriba,¿no se acuerda usted de la última aventurita Doña Braulia?(dijo el joven con sarcasmo)
-Pero eso fue algo inusual, yo no sabía, lo cogí creyendo que era una vasija vieja.
-¿Una vasija vieja un tesoro hinca expuesto en aquel museo desde hace miles de años, Doña Braulia?

-Bueno, olvidemos ese incidente, vamos, que perdemos el avión. Cuando lleguemos a África, alquilaremos un jeep.
Jimmy agachó la cabeza resignado, pues sabía que al final lo convencería.
Llegaron a su destino, ya en medio de la selva, Jimmy paró el coche al ver a los leones. De pronto Doña Braulia sin decir palabra alguna, se bajó.
-¡Que maravilla de animal!¡tiene más pelos que yo!
Los leones se percataron de la presencia de la anciana, y desafiantes, sigilosamente se dirigieron hacia ella.
Jimmy cuando la vio no pudo dar crédito a sus ojos.
-¡Doña Braulia! (gritó)¡Suba usted al jeep!¡Doña Braulia, que se la meriendan!
El joven sacó el rifle y apuntó al león.
-¡Corra usted!
Pero la anciana en vez de subirse al coche, trepó al primer árbol que vio, parecía mentira que aquellos huesos tan frágiles, treparan tan rápido.
Jimmy la miró asombrado desde la ventanilla.
-Otra vez tendré que subir al árbol para rescatarla (se dijo el joven a sí mismo) esta mujer no es humana (pensó).

21 de octubre de 2010

Otra vez de nuevo. Mercedes Doello

La anciana Doña Braulia, empuñando un bastón se presentó en la casa de la joven que había salvado su vida.Temblorosa llamó a la puerta, como un eco lejano se escuchaba:
¡Ya va! Ante ella apareció una chica de unos 25 años de edad, pelo rubio, ojos claros
y una sonrisa risueña…
-¡Buenas tardes Doña Braulia! (Exclamó con sorpresa)
-¿Cómo usted por aquí? susurró un de nuevo que no quiso decir, pero se le escapó.
-Buenas tardes María (respondió la anciana)
-Pase usted por favor (dijo ella).
Aquella señora volvía cada tarde, a la misma hora y sin recordar que ya había estado allí.
-Venía a darle las gracias por haberme salvado la vida
-No tiene que dármelas doña Braulia, fue un placer, volvería a hacerlo de nuevo.

Sin esperárselo le agarró las manos, y mirándola a los ojos, le volvió a dar las gracias.
Aquella mente tenía una gran facilidad para olvidar los últimos cinco minutos de su vida, no acordándose de lo anteriormente vivido.
Cada día, la bautizaba con un nombre diferente: María, Ana, Lucía...pero siempre con el mismo cariño y agradecimiento con el que llegaba a su casa cada atardecer, con la esperanza de que la escuchase.
Para doña Braulia aquellos minutos que pasaba con la chica, era devolverle la vida, haciéndole dejar atrás esa horrible enfermedad a la que hace a uno olvidar.
Con dificultad y empuñando de nuevo su bastón, se dirigió a la puerta y la abrió.
Durante unos segundos, volvió la cabeza hacia atrás.
Esbozó una sonrisa y cerró suavemente.
María se quedó unos instantes mirándola, quieta, pensativa y susurró: Hasta mañana Doña Braulia.

8 de octubre de 2010

El misterio del amor. Mercedes Doello

No sé porque razon se me quedó grabada aquella escena que no tenía nada de extraordinario.
Era un día cualquiera como otros tantos, yo había salido con mi hija Consuelo de ocho años a dar un paseo por el campo.Nos
encantaba pasear y coger flores y setas.Consuelo iba agarrada de mi mano,de vez en cuando me miraba,hablaba con los ojos,
desde la muerte de su madre,no había vuelto ha articular palabra alguna;al mirarme,todavía podía observar aquella tristeza en
sus.
Éstabamos cogiendo setas cuando de pronto escuchamos unos ladridos a lo lejos, sin darle la menor importancia seguí cogien_
do setas, pero al levantar la mirada no ví a mi hija,había desaparecido.Comenzé a llamarla deseperado: ¡Consuelo,Consuelo!,
pero el silencio era lo único que allí reinaba,un silencio aterrador que se apoderó de aquel campo.
Comenzé a buscarla sin dejar de llamarla,sin respuesta alguna...
Estaba anocheciendo cuando de pronto volví a escuchar ladridos y corrí en aquella dirección.Cuando me iba acercando,los
ladridos se hacían cada vez más fuerte.
De repente apareció un pequeño animal peludo,no paraba de saltar hacia mi,mientras yo susurraba:ahora no,estoy buscando a
mi pequeña.Pero el animal no dejaba de insistir, como si quisiera decirme algo y le seguí,de pronto, entre la penumbra del
atardecer pude ver un pequeño cuerpo desvanecido en el suelo,era mi niña.Grité:¡Consuelo!;ella al oír mi voz empezó a
reaccionar temblaba y estaba asustada,de pronto me dí cuenta que se había perdido al perseguir a aquel perrito y no supo
encontrar el camino de vuelta.
La miré y a pesar del miedo en sus ojos había un reflejo de alegría.Aquel bendito animal no paraba de lamerla y saltar a su
alrededor,de pronto Consuelo me miró y sin esperármelo,como si aquello fuera un milagro,de sus labios comenzaron a salir
unas palabras que por mucho que yo no quisiera,no podré decir que no;palabras que devolvieron la alegría que siempre tuvo...
Papá,¿nos lo podemos quedar?.